Salgo a caminar sin auriculares, el día fue un infierno. Hay una brisa fresca, la gente está en la calle. En una vereda tres adultos hablan y un niño acostado sobre el pasto mira las estrellas y la luna.
—Ma, ¿puedo comprar un pingüino?
—Pero no, hijo, callate. Cómo vas a comprar un pingüino.
El niño llora y yo también. Ha muerto un artista.










