Alejandra

Si las palabras fuesen como las gotas de agua que caen de la ducha, mi problema sería otro. Abro la canilla y me meto debajo de esa catarata. Me ahogo en el silencio y la vida insiste en desafiarme a que me comunique. No me sale. Estudio, trabajo, educo sobre el tema. Fracaso. Paso el jabón por mis piernas, por mis brazos, por mi cuello. El tiempo pasa sobre la piel y la deja fofa, blanda, con pliegues que antes eran una superficie tersa. Hay una mugre que no cede, un silencio que resiste a entregar una palabra que cure este cuerpo sin alma. Yo me siento un envase, aunque dijo el editor que a mi texto le falta cuerpo. Estoy vacía desde todos los puntos de vista. 

Hago espuma sobre mi cabeza y no alcanza para que salga alguna idea. Me hubiese gustado hacer una rima en esta oración, sólo por rebeldía, porque el profesor de la maestría me dijo que hago cacofonías. Ahí está. Me di el gusto. La espuma es poca, no alcanza, se deshace como las burbujas de detergente en el aire: perfectamente redondas, proyectan colores si la luz se las choca, vuelan en apariencia libres pero explotan ante lo primero que las toca. Ojalá tanta cursilería le dé asco a mi profesor de la maestría. 

El editor, el profesor y todos los que opinan sobre el corpus de mi obra me mandaron a hacer un ejercicio de escritura creativa. Que pesque el titular de una noticia para crear un cuento. Pero naufragué en ese mar de palabras que flotan en los portales como estas gotas que caen sobre mi cuerpo del que otros opinan y del que yo he perdido el control. O es la mente la que no domino. Nada domino. 

Dominó. Juego a encontrar la primera pieza que cayó derrumbando esta vida que me arrastra con su corriente hacia el abismo oceánico de la nada misma. Tomá pa vos, otra rima. Es absurdo hacer un cuento si lo pienso como el mecanismo de relojería perfecta, conflicto que se tensa desde dos opuestos, sucesos que se esconden en personajes. Es tan absurdo como encontrar el origen de mi tragedia. Quizás la raíz de mi desgracia sea haber nacido. 

Asumo, a esta altura de la pesca fallida de un titular para hacer un escrito creativo, que sólo hago catarsis. Recuerdo cuando descubrí ese término, o cuando me topé con la palabra soliloquio. Las usé hasta gastarlas. Eso hago, romper todo. Podría escribir para que esta katharsis tenga su efecto trágico y la humanidad entera sienta temor de meterse a la ducha con la necesidad de que aparezca una idea original porque el desenlace puede ser fatal.

Entonces, sentirán también compasión por mí. Habré cumplido la consigna de escribir tirando del hilo de una noticia. Yo seré la novedad: mujer muere mientras se baña. Me leerán. Por fin, me leerán. Mañana seré noticia y alguien escribirá mi historia con un titular que inspirará una ficción de alta calidad literaria. Ya no será mío el problema de las palabras, me habré ido con el agua, como Alejandra, seré silencio en medio de las gotas que marcan el ritmo de un adiós.

Luisa Maria Ahumada

Escritora. Comunicadora. Profesora. Mamá. Obras publicadas: Ciclotimias (poesía). 400 Días, Relaciones en tiempos modernos (novela), Habla Conmigo (cuentos). Palabra de mamá, sin etiquetas que limiten (ensayo). Además, participa en diferentes antologías, revistas y otros medios de comunicación.

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