Necesitamos algo en común para que suceda la magia de la comunicación.
Si hay un interés, un gusto o un tema en común entre dos personas, nace y crece la comunicación.
¿Por qué a veces parece costar tanto una conversación? ¿Por qué la comunión del encuentro se siente como un milagro? Cuesta la coincidencia, se complejiza la bidireccionalidad, el ida y vuelta, el feedback.
¿Qué puede pasar para que se dé este escenario?
En el encuentro con el otro nos transformamos. Ya no seremos los mismos. Quizás por eso asusta tanto una buena comunicación.










